La Importancia de la Paternidad en Nuestra Relación con Dios

A quién acudir sino al Hijo para aprender acerca de la importancia de la paternidad y su implicación para nosotros. Jesús tenía muy claro quién era tanto su Padre como él mismo en su posición como hijo. Tan fiel es él mismo del reflejo de su Padre, que de hecho, uno de sus propósitos principales al haber habitado en esta Tierra fue el mostrar al Padre; ser la imagen visible del Dios invisible (San Juan 14:7-14)

Padre nuestro que estás en los Cielos inicia la oración modelo que Jesús compartió sentado en el momento que se conoce como el Sermón del monte. El inicio de la oración ya de paso nos introduce en una posición en la que debemos apropiarnos, como claramente él ya la tenía, de ser llamados, y además, entendidos como hijos. De esta posición ya hablaremos luego en detalle en otra publicación. 

Por lo pronto, el cuestionamiento que nos atañe es ¿por qué Jesús hablaba tanto del Padre y que importancia y valor práctico tiene esto para nosotros?

La importancia de la paternidad

Partiendo de la premisa que el diseño de Dios para nosotros es perfecto y que como tal, cada uno de nuestros roles desempeña un papel específico y contempla un propósito particular, para el caso de los padres y madres este punto es fundamental tenerlo claro para este tema que nos ocupa.

Dicho esto, es importante entonces considerar (Calvo, 2015):

  • Los roles paterno y materno no son iguales y no se pueden cambiar uno con el otro: un padre no puede sustituir la figura materna, ni al contrario.
  • Ambas figuras son fundamentales para que el desarrollo de la personalidad en el hijo sea equilibrado y tenga una correcta sociabilidad.
  • Contemplar una figura de hombre y otra de mujer contribuyen a un correcto desarrollo psíquico en el hijo.

En otras entradas hablaremos con mayor profundidad también de la importancia del rol de la madre y sus efectos en el hijo. Por lo pronto, nos centraremos específicamente en el rol del padre.

10 funciones del padre

Para ir entrando en materia y entender la importancia del padre en la crianza de un hijo y sobretodo, en las consecuencias que esto acarrea como adultos (tanto positivas como negativas), a continuación se describen brevemente tan sólo algunos de los elementos que se destacan dentro de las funciones ideales que un padre debería cumplir (Calvo, 2015):

  1. Brindar afecto.
  2. Generar espacios de comunicación. 
  3. Configurar el concepto de seguridad y protección.
  4. Crear límites.
  5. Establecer modelos de autoridad.
  6. Enseñar a socializar.
  7. Motivar al buen desempeño académico.
  8. Promover y enseñar el respeto hacia los otros, especialmente al sexo femenino.
  9. Reafirmar la identidad sexual.
  10. Reafirmar la estructura del alma (mente y emociones).

Si un padre procura incluir estos elementos dentro del proceso de crianza, el resultado va a ser realmente significativo en la vida del niño. De la misma manera que si no los contempla. Tanto si el niño recibe parte o no de los puntos anteriores, su desarrollo se va a ver influenciado por ello.

Ahora podemos acercarnos mejor al entendimiento de la responsabilidad que Dios ha delegado en los padres para la formación y crianza de los hijos. 

Por ejemplo, un estudio llevado a cabo por el Centro Nacional de Paternidad de Estados Unidos (NFC por sus siglas en inglés), reveló los siguientes beneficios para un niño que crece con una figura paterna activa. Algunos de ellos (fathers.com, s.f.): 

  • Incremento en el rendimiento académico.
  • Vida emocional más sana.
  • Reducción en las dificultades emocionales durante la adolescencia.
  • Incremento en la probabilidad de éxito en sus relaciones maritales futuras.
  • Reducción de probabilidades de problemas psicológicos en la edad adulta.

Maria Calvo bien lo resume en su informe:

La poderosa influencia de un padre sobre sus hijos es única e irremplazable.

Consecuencias de la ausencia de padre

Por otro lado, en el escenario pesimista (donde lamentablemente se encuentra gran cantidad de la población) observamos el notable impacto que tiene en la vida del niño la ausencia de la paternidad. Algunos datos (Calvo, 2015):

  • Familias desequilibradas: un estudio realizado por el Departamento de Justicia de EEUU sobre 156 víctimas de abuso sexual, mostró que la mayoría pertenecían a familias donde el padre estaba ausente. 
  • Modelo masculino distorsionado: el modelo de hombre se empieza a construir en función de lo que determine la cultura o moda del lugar donde se vive. 
  • Falta de construcción de valores sociales y personales: falta de adhesión religiosa o de fundamentos de algún tipo referente a principios morales.
  • Aumenta el riesgo de conductas antisociales y consumo de drogas: Según Fathering Fatherless America, en uno de sus estudios se revela que cerca del 94% de los jóvenes con problemas de conducta antisocial no han tenido en sus vidas un modelo masculino positivo. 
  • Sensación de inseguridad y afectación en el autoestima: La falta de implicación de los padres con sus hijos, y en especial con las mujeres, hace que se manifieste un descenso en su autoestima y un aumento en la inseguridad en las relaciones sociales. (Calvo, 2021)  
  • Problemas de identidad sexual: La relación con el padre y su rol durante la crianza son una base fundamental para el correcto desarrollo de la psicosexualidad (Borghetti, 2009) 

Desconfiguración de la imagen del padre

Ya hemos dado suficientes argumentos para soportar la importancia de la paternidad en nuestra crianza y la de nuestros hijos. Sin embargo, encontramos otro obstáculo que impide interiorizar esta idea como válida, y sobre todo, que tenga un significado considerable en el plan de Dios para la familia.

Factores como concepciones sesgadas de movimientos extremistas feministas, facilidad para acudir a procesos de fertilización no tradicional o simplemente (y paradójicamente) una idea frente a la paternidad influenciada por la misma ausencia que tal vez muchos evidenciaron en su infancia y que les hace pensar que sus padres no fueron necesarios para su propia crianza, refuerza la idea de una sociedad que nos induce o propone abiertamente a concebir una familia sin la figura de un padre como una opción bastante viable y accesible. 

Esto es a lo que David Gutmann denomina como la desculturización de la paternidad. 

En un salón de clase de último grado de bachillerato vemos a un grupo de amigos que han estado juntos prácticamente todo el periodo escolar desde pequeños: Andres, Camilo y Felipe. 

Los padres de Andres llevaban 20 años de matrimonio. Su padre descubrió indicios de infidelidad de parte de su madre. Él, como lamentable y comúnmente pasa, encontró la forma de saciar su sensación de venganza haciendo lo mismo, como si lanzando la misma piedra con mayor fuerza ayudara a reparar el daño hecho. 

Camilo, por otro lado, viene de un hogar donde su padre mantuvo una figura pasiva, debido a que él mismo no tuvo una figura de padre a la cual seguir cuando niño pues creció solo con su madre, además que adoptó una figura paterna influenciada por las ideas subjetivas de su madre y su vida en general se encaminó en función de las demandas que ella misma le imponía. 

Finalmente, Felipe viene de un hogar donde su padre ha estado acostumbrado a solucionar los inconvenientes con agresividad hacia su madre y sus hermanos, junto con altas dosis de alcohol.

Para cada uno de estos amigos, su contexto familiar potencialmente ocasiona:

  • Andres: luego de la infidelidad mutua, sus padres decidieron separarse. Andrés decidió vivir con su madre y pasar alguno que otro fin de semana con su padre. Al estar en plena adolescencia, Andres quiere pasar más tiempo con sus iguales ya que encuentra aceptación y cosas en común en ellos. Su padre, al ver el distanciamiento generacional que los separa, encuentra una opción viable negociar su rol de padre por el de amigo para generar acercamiento y confianza. Consecuencia: roles confundidos y distorsionados. Andres no encuentra limite entre un amigo y un padre, ya que a lo largo de su vida no encontró este lazo cercano que el padre quiere construir, luego de muchos años.
  • Camilo: debido a que su padre no supo estructurar correctamente un rol paterno para ejercer su responsabilidad, construyó una imagen de padre con pasividad, es decir, esperando instrucciones para actuar en lugar de tomar iniciativa propia. Consecuencia: dada la influencia de su propia madre, buscaba como asumir su rol de padre pero desde una perspectiva maternal o afeminada, desajustando parte de las funciones como padre mencionadas anteriormente.
  • Felipe: debido a la distorsión hallada en el rol de su padre, la figura de autoridad estaba bastante confusa y difuminada. 

Consecuencia: refuerzo de la duda que sus amigos compartían en cuanto a considerar a sus padres como figuras de autoridad.

La esencia de nuestra relación con Dios: la paternidad

Tradicionalmente la imagen que tenemos de Dios Padre se ve fuertemente influenciada por la relación que hemos construido con nuestro padre terrenal. En un principio, la imagen de Dios es creada con base en la imagen que tenemos de nuestro padre terrenal (Heinz, 1967). A nivel de concepto y percepción de la figura paterna, lo más cercano que tenemos es nuestro padre natural.

Cuando se nos habla de Padre Celestial, todo lo mencionado anteriormente respecto a las funciones del padre, nos lleva inevitablemente a extrapolarlo a Dios como Padre.

Según haya sido nuestra experiencia con padre terrenal, el resultado de esta asociación será positiva o negativa en la misma proporción. 

En otras palabras, si nuestro padre terrenal no asumió su rol como corresponde, en principio, la relación que vamos a hacer con Dios Padre será de la misma manera: Dios no cumple al igual que mi padre no cumple.

Y es que lamentablemente esto es lo que ocurre con la mayoría de hombres. Según estudios (Calvo, 2015) un alto porcentaje de hombres no han tenido a su padre como una figura cercana, muy pocos logran evocar momentos en los cuales se hayan sentido amados o valorados por él y además muchos recuerdan como les castigaban, golpeaban o se burlaban de ellos.

Resulta entonces imprescindible que aquellos quienes fundamentan su fe en el cristianismo, nos volquemos a reflexionar acerca de nuestra posición como hijos, y no simplemente creyentes. Dios constantemente se nos presenta como Padre y Jesús lo ha ratificado con insistencia para que podamos disfrutar de una intimidad en nuestra relación con Él conforme al diseño celestial establecido desde el principio. 

¿Cómo podemos ver a Dios como Padre?

Partiendo del hecho de nuestra imperfección humana, sabemos que nuestros padres no lograron alcanzar la plenitud del rol de la paternidad. Esto de ninguna manera quiere decir que hayan sido malos padres y que merezcan el juicio eterno, al contrario, es una oportunidad para que hagamos misericordia hacia ellos y manifestemos el amor de Dios a través del acto del perdón. También, es en medio de esa debilidad que Dios puede glorificarse en nosotros al poder ser Él quien lo llena todo en todo, si así se lo permitimos, y poder dar testimonio de su obra en nuestras vidas.

“y me ha dicho: Mi gracia te es suficiente, porque el poder es perfeccionado en la debilidad. Por lo tanto, gustosamente me gloriaré más en mis debilidades para que resida en mí el poder de CRISTO. Por lo cual me complazco en debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones y angustias por causa de CRISTO; porque cuando soy débil entonces soy fuerte.” 2 Cor 12:9-10 (BTX IV)

Una vez entendida la importancia de la paternidad y cómo este concepto puede influir en nuestra relación con Dios Padre, a continuación algunos puntos a tener en cuenta para incluirlo en nuestro proceso de sanidad y restauración:

  • Sanar nuestra relación con padre terrenal: misericordia. Saber que fuimos perdonados por mucho y que así mismo debemos entregar. Recordar el principio natural que de lo mucho (o nada) que tengamos así mismo vamos a entregar. Llenemonos del perdón y amor de Dios para regalarlo a otros. “Por lo cual te digo que sus muchos pecados han sido perdonados, porque amó mucho; pero al que poco le es perdonado, poco ama” (Lucas 7:47 BTX IV)
  • Honrar a nuestro padre: el mandamiento que nos entrega la instrucción de darle honra a nuestros padres. Acá no hay condición de ningún tipo (sean ellos buenos, malos, creyentes, no creyentes, etc.). Es interesante el énfasis que se le otorga a la acción de honrar en esta versión: “Honra grandemente a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que YHVH tu Elohim te da.” (Ex 20:12 BTX IV – énfasis añadido) 
  • Sanar nuestra imagen de Dios como Padre: aprender de Jesús al referirse a su Padre como Abba (Vocablo arameo: apelativo cariñoso dentro de la familia. En español: papi, papito (nota explicativa 1). Tenemos una fe que nos permite acercarnos a nuestro Dios mediante una relación personal. “Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!.” (Rom 8: 15 LBLA)
  • Posicionarnos como hijos: subir en nuestra relación con Dios para que pasemos de verlo como Señor a verlo como padre. Es bastante poderoso lo que una persona puede hacer cuando realmente sabe quién es (o cuál es su posición). Nada es realmente imposible cuando crees que tu papá es el Rey del universo y que obtienes en consecuencia derechos (herencia) como su hijo, porque así te has considerado. “Y debido a que somos sus hijos, Dios envió al Espíritu de su Hijo a nuestro corazón, el cual nos impulsa a exclamar «Abba, Padre». Ahora ya no eres un esclavo sino un hijo de Dios, y como eres su hijo, Dios te ha hecho su heredero.” (Gal 4:6-7 NTV)
  • Experimentar a Dios para disfrutar su rol como padre y el nuestro como hijos: La religión y las tradiciones suelen llevarnos a establecer simples conceptos o información acerca de Dios. Seguro que Él quiere que lo experimentemos para conocer que puede sobrepasar toda expectativa que tenemos en la Tierra respecto a lo que un buen padre debe ser. Él es El-Shadday (Sustentador y Fortalecedor, nada es necesario aparte de Él (nota explicativa 2)).

Cabe aclarar que estas recomendaciones no son consecutivas, es decir, que pueden darse en cualquier orden. Lo importante siempre es permitir que Dios sea el que dirija nuestro proceso. El método no debe ser el que nos guíe sino su Espíritu Santo.


REFERENCIAS

 

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